(Adaptado del artículo en Innovación y Ciencia,
Vol. V, No. 2, pp. 8-9, 1996)
¿Qué pensaría el gran maestro Galileo Galilei
si se enterara que una nave espacial llegó con precisión
milimétrica al planeta Júpiter? Efectivamente, la
nave espacial "Galileo" llegó, después
de seis años de viaje, a Júpiter el 7 de diciembre
de 1995 para estudiar este inmenso planeta y sus satélites
descubiertos por Galilei hace 385 años.
La nave espacial "Galileo" fue lanzada al espacio a
bordo del transbordador Atlantis en octubre de 1989 y fue inyectada
en una complicada trayectoria de 3,86 mil millones de kilómetros.
El diseño de la trayectoria se basa en el impulso recibido
por la nave debido a la atracción gravitacional de varios
planetas que se encuentra durante el viaje a Júpiter. Por
ejemplo, un primer impulso fue recibido al pasar cerca a Venus,
donde Galileo tuvo la oportunidad de tomar valiosas imágenes
para el estudio del sistema climático de dicho planeta.
Después de Venus hubo dos encuentros cercanos con la Tierra
en los que se pudo utilizar la sofisticada tecnología a
bordo de Galileo par estudiar nuestro propio planeta.
Para el estudio de la atmósfera de Júpiter, la nave
espacial Galileo llevaba a bordo una sonda especial con instrumentos
científicos que se separó del orbitador 150 días
antes de su llegada a Júpiter. Tanto la sonda como el orbitador
continuaron con su viaje de manera independiente. Tal como se
había calculado, la sonda entró en contacto con
la atmósfera de Júpiter a una velocidad de 170.700
km/hora y comenzó a transmitir las señales de radio
con la información detectada por sus instrumentos a las
22:04 UT el 7 de diciembre de 1995. La sonda abrió su
paracaídas y descendió por 57,6 minutos durante
los cuales se efectuaron las mediciones planeadas. Las condiciones
de muy alta temperatura y densidad terminaron destruyendo la sonda
durante su descenso, como se había previsto, pero ya todos
los datos habían quedado almacenados en el computador a
bordo del orbitador. Mientras tanto pocas horas después
el orbitador entró en órbita de Júpiter para
comenzar una misión de dos años de exploración
del planeta y sus principales satélites: Io, Europa, Gaminedes
y Callisto.
Los objetivos de la misión Galileo son: (1) estudiar la
magnetósfera del planeta incluyendo la región de
la 'cola magnética', nunca antes vista. (2) estudiar la
composición química y el estado físico de
la atmósfera de Júpiter. (3) caracterizar la morfología,
el estado físico y las propiedades dinámicas de
los satélites de Júpiter. En total se realizarán
19 experimentos, 6 de los cuales ya se realizaron en la sonda
durante su descenso. Entre los instrumentos instalados en la
sonda se encuentra un espectrómetro de masa neutral, un
detector de helio, un nefelómetro para detectar nubes,
un radiómetro y un instrumento para verificar la existencia
de tormentas eléctricas y medir partículas energéticas.
Júpiter es el planeta más grande del sistema solar.
Tiene un radio de 71.397 kilómetros y se encuentra a una
distancia del sol de 778 millones de kilómetros. La composición
química de Júpiter es en su mayoría hidrógeno
y helio en una proporción similar a la que se encuentra
en el universo. Es decir los datos arrojados por Galileo serán
esenciales para resolver uno de los enigmas más profundos
de la astrofísica: ¿Cómo se formaron los planetas
del sistema solar? Una hipótesis bastante plausible, dada
la evidencia experimental, es la de fragmentación de una
nube primordial en pequeños trozos que luego forman los
planetas. La abundancia relativa de los elementos livianos en
el universo se define durante los tres primeros minutos después
del "big bang" que es cuando la temperatura y la densidad
de la materia es lo suficientemente alta para permitir la fisión
nuclear de nuevos elementos. El resultado final de este horno
cósmico es una producción inmensa de helio, de tal
forma que la materia primordial generada en esos primeros minutos
consiste de un 25% helio y 75% hidrógeno. Esta proporción
coincide con la observada en Júpiter. Debido a la inmensa
gravedad en el planeta, Júpiter es capaz de retener todos
los elementos químicos que existían desde su formación
lo cual no es posible en la tierra donde se han perdido varios
de estos elementos. Un estudio detallado de la atmósfera
de Júpiter revelará las condiciones existentes hace
4.5 mil millones de años cuando se estaban formando los
planetas.
Pocas horas después de la entrada de la sonda a Júpiter
los científicos en la base espacial JPL (Jet Propulsion
Laboratory) de la NASA en Pasadena (California) recibieron la
señal de radio y pudieron comprobar que todos los instrumentos
funcionaron correctamente. Los 6 instrumentos enviaron datos
suficientes sobre la atmósfera de Júpiter hasta
una profundidad de 200 Km debajo de la capa atmosférica
más exterior. Seis horas antes de llegar a Júpiter
uno de los instrumentos de la sonda dedicado a la detección
de partículas energéticas descubrió un intenso
cinturón de radiación. Algo parecido a los cinturones
de Van Allen existentes en la magnetósfera terrestre, pero
10 veces más energéticos. Algo inesperado en estos
cinturones es la presencia de iones de helio de alta energía.
La temperatura y densidad medidas en las capas externas de
la atmósfera resultaron más alta que lo esperado.
La variación vertical de la temperatura a profundidades
entre 100 y 150 km indican que la atmósfera interna es
más seca que lo esperado. Este gradiente de temperatura
también indica que a estas profundidades el proceso de
convección juega un papel dominante. El estudio de nubes
en la atmósfera de Júpiter encontró que éstas
no son tan densas como se presumía. La naturaleza del sistema
de vientos en Júpiter no es muy clara, en parte debido
a la dificultad de observar a través de la atmósfera
opaca. El instrumento encargado de medir las corrientes de viento
midió velocidades de viento de 540 Km/h independiente de
la profundidad. Estos resultados conllevan implicaciones profundas,
ya que esto indica que los vientos no son producidos por calor
debido al sol o por condensación del vapor de agua. Un
posible mecanismo que origina los vientos parece ser el calor
escapado del interior del planeta.
El experimento encargado de estudiar la actividad eléctrica de la atmósfera encontró mucho menos actividad de lo que vemos en la Tierra. El espectrómetro de masas encontró una cantidad de agua muy baja. Igualmente sucede con las concentraciones de carbono, neón, helio y azufre. Estos son apenas los resultados preliminares del análisis de los primeros datos. Se requerirá mucho trabajo para llegar a las conclusiones finales de esta misión planetaria. El laboratorio JPL mantiene una página en Internet donde se puede seguir de cerca el estado de la misión y la aparición de nuevos resultados (la dirección es
http://ccf.arc.nasa.gov/galileo_probe/ ).
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